VIENTOS DEL VERSO, de Antonio Portillo Casado

El viento es un lenguaje que mira, observa, calla y desata la tormenta.

Hay poemarios que vienen con una suave brisa en su anhelo. Con un sabor sedoso y dulce para el verbo. Las palabras se convierten en bellos susurros en el oído y se posan como un vergel a nuestro lado. El verso entonces se convierte en un portador de buenas nuevas. Sutil, cálido, profundo.  El poeta se pone mirando a una brújula. Su voz espera, su pluma se templa y como un arco iris después de la tormenta, va ligando palabra a palabra, estrofa tras estrofa, sonido tras sonido.

Y es que Antonio Portillo Casado se ha convertido en un portavoz del viento. Un portavoz que lleva suaves paisajes castellanos, machadianos, clásicos , a otras esferas y a otros lugares. Una voz  oriunda de esos paisajes rurales de la Andalucía Oriental, cargada de olivos, de huertas, de campo, con aquella voz que se sumerge en el viento y llega  paisajes más llanos, somnolientos y castizos.

Vientos del verso: vientos, aires llenos de carruajes, de senderos, de rectas uniformes, continuas, salvajes y dispares.  Capaces de llevar el mensaje en tres suaves portadas:

VIENTOS DE LEVANTE: Vientos de libertad, de justicia, de fuerza y lealtad ¿Acaso el poeta no  es demoledor en su juicio? ¿ No levanta el sitio por donde camina sin dejar la huella de su dedo índice?  La espada es una lanza quijotesca y los poemas sus molinos de viento,  arrasa con el viento huracanado de la verdad en poemas que son demoledores:

Grito: ¡Universo,

dioses, tinieblas,hombre!

Pregunto:

¿Dónde están los poetas?

¿Adónde se marcharon?

Si. La poesía se ha marchado lejos de su tiempo, a lo mejor está escondida como un fugitivo  por donde camina el ser humano y el autor  le reclama su sitio. Antonio tiene la virtud de convertir la poesía en lo que fue, es y será siempre: PUREZA. Rescata el lado más visceral de la poesía , porque parece que en la actualidad se ha perdido el encanto, la forma y se centra más en el contenido que en el estilismo. Repara en la forma, en la belleza,  dotándola de fuerza propia capaz de mover los cimientos de las verdades y transformar todo lo que nos rodea.

Hago la Paz.

Pido la Paz.

Doy el amor.

Pido el amor.

Rocío Biedma ha titulado su bello prólogo en Ecos de Mesura. Cierto es que conocemos a Antonio y cuando leemos su poesía se nos contagia de esa mesura, tranquilidad, pero a la vez de su contundencia. Así mira él el horizonte, con  elegancia,  con fuerza, con tesón e ímpetu. Y espera  buena cosecha: cosecha de esperanza, de espera, de nuevos aires, o nuevos tiempos. Cosecha de nuevos caminos, de cambio y de  conversión en el hombre.

No somos agobiadas

hormigas y cigarras,

sino suspiros de la vida

que esparce el viento.

 

¿Donde se halla la Verdad?

Transversamente la indago

en la penumbra del viento,

que empuja y nos salva.

No hay mayor verdad que la que trae el viento, y el viento además de la verdad , de la fuerza que nos sitúa con las herramientas precisas para transformarla, además nos  carga de amor. Un amor tierno, idílico motor de todo el universo; así comienza la segunda parte del libro con VIENTOS DEL SUR. Toda esperanza se tiñe de amor, sin esa particularidad el ser humano se vería incapaz de acometer todos los planes y todas las cosas que se propone. El amor es el motor del universo. Ya lo decía San Agustín:

“Ama y haz lo que quieras. Si callas, callarás con amor; si gritas, gritarás con amor; si corriges, corregirás con amor; si perdonas, perdonarás con amor. Si tienes el amor arraigado en ti, ninguna otra cosa sino amor serán tus frutos”

Y mientras sopla el viento nos lleva a todos los puntos cardinales. Esa brújula visceral que recoge la palabra y el verso y lo contagia de riqueza y alevosía. Cuidando en extremo el lenguaje y el tono, Antonio nos irradia en el último tramo poético, en su última parada: VIENTOS PLÁCIDOS.

El viento se ha detenido para degustar el paisaje. Para mirar el viento. Mirar el verso cálido que dibuja las ramas una vez que la tempestad, la furia, el sosiego se ha posado en el poeta.

Y el poeta recuerda a Machado, a Quevedo, a Gloria Fuertes, los jardines del Generalife… La primavera ha florecido  en el corazón para que el viento sople,  a favor del hombre.

Que no os de miedo,

que vuestro corazón y vuestra mente

se adentren de la poesía

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Marisa Negri (Argentina, 1971): entrevista y poemas

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Marisa Negri: “Hay poemas que funcionan como urdimbre y otros son trama”

Entrevista realizada por Rolando Revagliatti

Marisa Negri nació el 24 de junio de 1971 en Buenos Aires, capital de la República Argentina, y reside desde 2011 en el Delta, partido de San Fernando, provincia de Buenos Aires. Es Maestra Especializada en Educación Primaria, Profesora de Castellano, Literatura y Latín, formada en Especialización en Educación por el Arte (Instituto Vocacional de Arte), con posgrado en Arteterapia (Universidad Nacional de Arte) y postítulo en Escritura y Literatura en la Escuela Secundaria. Es Bibliotecaria Escolar, cursa la carrera de Bibliotecóloga y se desempeña desde 1990 en la educación pública como Profesora de Literatura. Desde 1995 a 2005 coordinó el Taller “El Revés del Cielo” en la Municipalidad de Zárate, provincia de Buenos Aires. Junto al músico Alejandro Dinamarca tuvo a su cargo talleres de Arteterapia para adultos mayores. Desde 2010, con Alejandra Correa coordina el programa “Poesía en la Escuela”. Organizó concursos de plástica y literatura y participó en mesas de lectura en Festivales de poesía de su país, Chile y Perú. Efectuó investigación, compilación y prólogos (además de ser la coordinadora editorial de la Biblioteca Isleña) para volúmenes de Ediciones en Danza. En co-autoría con Alejandra Correa (en todos los casos) y con Javier Galarza, se difundieron artículos sobre didáctica y poesía en la escuela, tanto en revistas como en libros. En 2009 se publicó su antología de la obra de Olga Orozco titulada “El jardín posible”; en 2010, en edición bilingüe (castellano-alemán), su antología de la misma poeta, la cual prologó, “En la rueda solar”, presentada en el Centro de Arte Moderno de Madrid; y en 2012 su antología de los artículos periodísticos de Olga Orozco: “Yo, Claudia”.  Entre 2003 y 2016 fueron socializándose sus poemarios “Caballos de arena”“Estuario”“Las sanadoras”“Nautilus” y “Hebra”.

          1 — La punta del ovillo.

          MN — Nací un 24 de junio de 1971. Solsticio de invierno y fecha sagrada para muchos pueblos originarios. Día de fogatas y queimadas, de dejar ir lo viejo y reafirmar la fe en la oscuridad. Cuentan que  mi madre iba maquillada y  con su mejor vestido porque habían salido a cenar con unos amigos y sobrevino el parto.

          Crecí en Villa Amelia, una pequeña localidad del conurbano bonaerense. Mi padre tenía taller y agencia de autos, mi madre trabajaba de secretaria en una fábrica. Tengo dos hermanos que heredaron el oficio de mi padre.

          No puedo fijar la infancia en un solo lugar. He pasado mucho tiempo en casa de mi abuela Paula, modista, inventando tiendas y vestuarios para mis muñecas, debajo de las sillas, con las telas maravillosas que me obsequiaban las clientas, o recortando personajes de las revistas e inventándoles historias que escribía en un cuaderno de tapas rojas.

          Durante los primeros veranos veníamos a Nautilus, la casa de la isla. Nos gustaba nadar, pasear en lancha y explorar el monte hasta donde nos permitían las lianas y las espinas de la zarzamora. Pablo, mi hermano mayor, abría el paso con el machete y yo lo seguía hasta la panadería abandonada en donde tallábamos nuestros nombres con algún carbón robado en la cocina. Pronto, a este paraíso, llegaron las primeras lecturas. Bajo un mosquitero de algodón que mi padre colgaba de las casuarinas construí mi reino de palabras. “Sandokán” de Emilio Salgari, “Los tres mosqueteros” de Alexandre Dumas, “Veinte mil leguas de viaje submarino” de Julio Verne, “Fabiola o la iglesia de las catacumbas” de Cardenal Wiseman, “Papaíto piernas largas” de Jean Webster…, toda la Colección Billiken desfiló por esa tienda.

          No había aún luz eléctrica en el delta. Al atardecer, cuando los mosquitos volvían insoportable el exterior, subíamos a la casa a encender las lámparas. Jugábamos al chinchón y comíamos tortas fritas; sentada en mi lugar preferido de la casa, anotaba minuciosamente las aventuras de ese día en mi cuaderno y sabía que habría de ser maestra y viviría en esta casa.

          En algún momento que no puedo precisar, mis padres comenzaron a llevarse muy mal y nosotros, los hijos, sin ser muy conscientes de eso, tomamos partido. Desde entonces y hasta que pudimos reconciliarnos con la publicación de “Estuario”, fui la “hija de mi padre”.

          Comencé el secundario con la apertura democrática del ‘83. La calle era una fiesta, había recitales gratuitos casi todos los días y busqué amigos mayores para que me permitieran salir en grupo con ellos. Escuchaba a Tom Lupo en la radio, en el programa “Submarino Amarillo”: por ahí se coló la poesía. Pink Floyd y Luis Alberto Spinetta fueron mis primeros descubrimientos. La necesidad de escribir y comunicarme era inmensa, “lejos de la paciencia de las familias”, como decía un verso de Enrique Molina que había escrito como santo y seña en la puerta de mi habitación infranqueable, llegué a cartearme con setenta personas a través de las direcciones que conseguía en la radio o en las “Cantarock”. A través de esas cartas y de la música se abrió un nuevo sistema de lecturas; leí a Carlos Castaneda y Antonin Artaud por Spinetta, a Olga Orozco por Molina, a Alejandra Pizarnik por Orozco, a Julio Cortázar por Pizarnik. Participé de un taller literario en la escuela donde escribí mis primeros poemas, canté en una efímera banda de rock que versionaba a Serú Girán y compuse algunas canciones.

          En 1989 militaba en la juventud franciscana. Queríamos cambiar el mundo. Los domingos íbamos al Instituto de Menores “Riglos”, a jugar con los chicos internados allí; cuando se profundizó la crisis económica salimos a pedir a los comerciantes materia prima para cocinar en la capilla y la gente podía pasar con su olla al mediodía para llevar algo de comer a su casa. Entendí la diferencia entre caridad y solidaridad. Ahora que me siento tan lejos del catolicismo, sigo viendo en San (no sea cosa que se interprete como el papa Francisco) Francisco y en su doctrina algo verdadero, una mirada de convivencia con las criaturas del mundo que celebro y respeto.

          La adolescencia terminó abruptamente ese año, nos fuimos de vacaciones al sur con ese grupo y volví embarazada de Juan, mi hijo mayor. Me casé y me fui a vivir a Zárate. La crisis nos había arrebatado la lancha y con ella la posibilidad de seguir yendo a la isla. Zárate puso distancia entre todo lo que formaba parte de mi mundo y yo. Pasarían años para despertar e ir en busca de lo que me pertenecía.

          2 — Por ejemplo, aquello que habías pronosticado: “y viviría en esta casa”.

          MN — Creo en lo que el poeta sanjuanino Jorge Leonidas Escudero llamaba “el pálpito”, esa primera impresión de las personas o los acontecimientos que después olvidamos pero contiene una verdad que más adelante va a confirmarse. A los once años extravié mi documento de identidad y bastante tiempo después lo encontré en la casa de la isla. En ese gesto involuntario está “el llamado a la aventura”, ése y no otro era mi camino.

          Necesité olvidar la isla para vivir en la ciudad, pero comencé a tomar clases con Alberto Muñoz y a trabajar en Ediciones en Danza con Javier Cófreces, justo cuando ellos escribían “Tigre”, la obra más importante sobre el delta.

          Me resistí, estuve en julio del 2010 en España y comencé a ahorrar dinero para quedarme a vivir allí; llegó el verano y con unos amigos alquilamos una casa en el río Carapachay. Allí tuve un sueño premonitorio y decidí ocuparme de este lugar abandonado por mi familia hacía tantos años. El pálpito se confirmó cuando el vecino que construyó el muelle me proporcionó el primer presupuesto para la madera: era la cantidad de dinero exacta que había ahorrado.

          3 — Has conocido y tratado personalmente a quien obtuviera en 1998 el Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe “Juan Rulfo”, la pampeana Olga Orozco (1920-1999). Y a otro pampeano notable, Juan Carlos Bustriazo Ortiz (1929-2010). Y a ese sanjuanino con mucha obra, publicada a partir de sus cincuenta años, y gran reconocimiento: Jorge Leonidas Escudero (1920-2016).

          MN — La presencia de Olga en mi vida ha sido constante desde muy temprano. Compré una antología suya del Centro Editor de América Latina en la adolescencia, junto con “Hotel pájaro” de Enrique Molina. Fueron mis dos primeros libros de poesía. Claro, por entonces me costaba pensar que esas personas vivían y ofrecían recitales. Llevaba a todas partes esos libritos de bolsillo, atormentaba a mis amigas leyéndoles esos poemas.

          En 1997 residía en Zárate, me había separado y tenía dos hijos pequeños. No tenía mucho contacto con “la capital”, eran años de vacas flacas y alquileres altos. Supe por un diario que Olga iba a leer en el Instituto de Cooperación Iberoamericana (actualmente CCEBA) y allí fui. Lloré durante toda la lectura y Jorge Boccanera me prestó su pañuelo. Él fue quien me la presentó. Entonces le entregué lo único de valor que tenía para darle: mi juego de runas. Ella me extendió un papelito con su teléfono y me dijo: “Niña, venga a mi casa a tomar el té, que usted y yo tenemos que hablar”.

          Sigo en diálogo con Olga, me acompañan sus talismanes, sus consejos y la extensa obra periodística que escribió con diferentes seudónimos para la Revista “Claudia”. Vuelvo a esos textos cada vez que lo necesito y es así como el diálogo continúa.

          Cuando comencé a estudiar literatura tenía altas expectativas con respecto a la formación poética. Pronto me di cuenta que la poesía y la academia, al menos en esa época y en ese lugar, no se encontrarían nunca. Fueron los festivales, las lecturas, o los amigos poetas quienes nutrieron esa sed. Así fue con Orozco y tiempo después con Bustriazo y con Escudero.

          A Juan Carlos Bustriazo Ortiz lo conocí a través del querido y generoso poeta Sergio De Matteo. Fue él quien lo llevó al “Flamenco Bustriz” (así lo llamaban) a la presentación de “Estuario” en la Casa Museo Olga Orozco, de la ciudad de Toay, donde Olga naciera. Su poesía deslumbrante y chamánica me interesó vivamente, al punto que cambié mis planes de viaje y acompañé a De Matteo y a Bustriazo al Festival Internacional de Poesía de Rosario, en donde se realizó un reconocimiento a la trayectoria del poeta.

          El encuentro con Jorge Leonidas Escudero fue en su casa. Le realizamos una entrevista junto a Javier Cófreces (la encontrarán en mi canal de Youtube). Pasamos el día con él y sus hijas y por la noche fuimos juntos al Casino. Era mi primera vez y al poeta lo entusiasmaba la posibilidad de que eso le diera suerte. Volví a verlo al año siguiente para la presentación de su “Poesía completa”. Chiquito, como le decían sus amigos, era un ser humano excepcional, un hombre que comenzó a escribir cuando el cuerpo ya no le dio para seguir escalando los cerros en busca de piedras; entonces se dedicó, como él decía, a “buscar el oro de la palabra única”.

          4 — ¿Qué decir, Marisa, de http://pajarodemimbre.blogspot.com.ar/, cultura isleña?…

          MN — Me gustan los blogs; tengo unos cuarenta que he alimentado con más o menos asiduidad desde 2004. Algunos son de lectura restringida y otros sólo los puedo ver yo y los uso para recopilar material sobre temas que me interesan (pájaros, trenes, el antiguo delta, etc.). En el caso de pájaro de mimbre, surgió a través de la Beca del Fondo Nacional de las Artes de investigación sobre poesía isleña. Colectar, reunir, antologar y difundir son tareas que siempre me dan placer. Fue también nuestro modo de habitar este lugar, ya que lo llevamos adelante junto a Gabriel Martino. Gabriel y yo nos conocimos en 2012 y el amor unió nuestras vidas y nuestros proyectos. Juntos construimos esta casa, juntos estudiamos bibliotecología, juntos coordinamos talleres y trabajamos en la Biblioteca Genoveva, hacemos libros, viajamos… Como diría Roberto Arlt, Gabriel es alguien que a fuerza de vivir en el delta “adquirió la ciencia de las cosas”; tiene un talento enorme para escribir, pintar, dibujar, esculpir, trabajar la madera. Se necesita una singular capacidad para vivir en el delta y no depender de nadie. Es él quien se ocupa de mantener a raya a las alimañas, a la vegetación que crece sin fin; también es quien fabrica nuestros muebles y repara lo que se rompe. Es un lector apasionado, sobre todo de literatura medieval italiana. Mantiene un blog de traducciones: http://italianoalabartola.blogspot.com.ar/ y uno en donde homenajea a su escritor favorito, el chileno Adolfo Couve [1940-1998].

          5 — Si una iniciativa hay que no deberíamos saltearnos en una conversación que propende a darte a conocer del modo más amplio, es la de creadora, al menos en nuestro país, de Bibliolanchas en Red.

          MN — El trabajo en red es el tipo de interacción comunitaria que, de todos los posibles, más me interesa. Así sucede con Poesía en la Escuela (poetas y docentes de todo el país que año a año realizan el festival en sus escuelas) y también con Bibliolanchas en Red, que reúne a tres comunidades rurales de tres países que cuentan con una bibliolancha: Quemchi en Chiloé, Villa Victoria sobre el Río Putumayo, en Colombia y el delta de San Fernando tienen mucho en común; atienden poblaciones con necesidades similares y une a sus proyectos los mismos ideales: llegar con la palabra a los lugares más aislados, convidar a la lectura de materiales cuidadosamente elegidos, retomando una frase de Gianni Rodari [1920-1980] que siempre nos acompaña: “El uso total de la palabra para todos me parece un buen lema, de bello sonido democrático. No para que todos sean artistas, sino para que nadie sea esclavo”.

          En 2018 nos proponemos escribir un libro de mitos y leyendas junto a los niños y jóvenes y luego editarlo en los tres países. En Argentina contamos para eso con el apoyo de la CONABIP (Comisión Nacional de Bibliotecas Populares).

          6 — Qué intereses te rondarán o habrán rondado en el área de lo artesanal.

          MN — La labor artesanal implica un uso diferente del tiempo. Me importa sobre todo eso, no tanto el producto en sí, sino el estado de bienestar que me genera estar tejiendo o bordando, o pintando con acuarelas. No hay un fin comercial ni una pretensión artística. Hace poco aprendí a trenzar canastos de sauce y palmera. La sensación de estar en un círculo de mujeres que tejen es poderosa. El bordado vino con la escritura de “Hebra”. Soñé con la frase “tejedoras de Dalcahue” y allí se inició la investigación sobre las tejedoras de diferentes zonas, sus herramientas y procedimientos, el sentido de sus diseños. Tuve que pasar esa experiencia por el cuerpo y convertirme en tejedora para terminar el libro.

          7 — ¿De cuál o cuáles siguientes tres citas te percibís más próxima?: Gilles Deleuze: “Hay que ser bilingües incluso en una sola lengua, hay que tener una lengua menor en el interior de nuestra propia lengua, hay que hacer un uso menor de nuestra propia lengua.” Ernesto Sábato: “Poderío del Lenguaje”: “La riqueza del lenguaje podría ser medido por el número de las palabras, pero no su poderío. Hay escritores que se arreglan con un vocabulario restringido, pero que sacan matices y partido del que tienen, por la maestría en la colocación: pueden no tener o no querer tener piezas, pero tienen posición. Como en el ajedrez, una palabra no vale por sí sola sino por su posición relativa, por la estructura total de que forma parte. Sólo un escritor mediocre puede desdeñar ciertas palabras, como un mal jugador de ajedrez desdeña un peón: no sabe que a veces sostiene una posición.” Emmanuel Kant: “El sueño es un arte poético involuntario.”

          MN — La búsqueda de un lenguaje propio, de esa lengua menor de la que habla Deleuze es la única tarea posible para quien escribe. Creo en el oficio, en la orfebrería de la corrección, palabra a palabra para ir tras esa lengua propia que, por supuesto, es inalcanzable. Sin embargo, en el origen de cada poema, al menos en mi caso, está el sueño, la visión, el relámpago; luego la tarea consiste en traducir esos fragmentos.

          8 — En 2015, junto a Javier Cófreces, tuviste la responsabilidad de ocuparte de las obras poéticas de Carlos Enrique Urquía (1921-2003) y de Juan José Ceselli (1909-1982).

          MN — Compartimos con Javier ese deseo de hacer justicia a los buenos libros, a tantos poetas que por razones de mercado editorial están fuera del canon y es necesario volver a leer. Ese es uno de los objetivos de Ediciones en Danza. Al recorrer el catálogo del sello no quedan dudas del enorme despliegue que ha realizado Javier como editor de poesía argentina. Tuve la suerte de participar en los volúmenes de los autores que mencionás. Mi tarea fue rastrear las ediciones originales difíciles de conseguir, tipear los textos, y en el caso de Urquía resolver el tema de los derechos.

          Urquía es un poeta que adscribe al creacionismo; los cuatro libros sobre el delta que compilamos en “La islíada” reflejan ese cruce entre la creación pura y la cercanía con el paisaje y sus habitantes.

          Ceselli es un rara avis de la generación del ‘40. Un hombre que abandonó todo por ir detrás de los surrealistas. Su obra es bella y violenta, desmesurada y cósmica.

          9 — En 2004 se publicaron dos antologías: “Un camino en la selva, un paso a la libertad” (a cargo del chileno Ramón Quichiyao (1951-2017), y “Al filo del gozo”, de la escritoras mexicanas Marisa y Socorro Trejo Sirvent, y cuyo eje es el erotismo.

          MN — La antología chilena formó parte de un Encuentro Binacional llamado La Ruta de Neruda, en el que desde 1999 un grupo de poetas de ambos países, Chile y Argentina, rememora el paso por la selva, desde Futrono a San Martín de los Andes, que realizara Pablo Neruda al ser perseguido por razones políticas.

          Participe en 2004, junto al poeta platense Emiliano Cruz Luna y los chilenos Ramón Quichiyao, César Uribe, Jaime Huenún, Jaime Valdivieso, Bernardita Hurtado Low y  Jaime Quezada, de ese recorrido que incluyó lecturas en escuelas rurales, el cruce del lago Maihue y la visita de la hacienda en donde el poeta escribió parte del “Canto General”.

          En el caso de la antología mexicana, Marisa y Socorro Trejo Sirvent realizaron la convocatoria a fin de presentar el libro en el Encuentro Internacional Mujeres Poetas en el País de las Nubes, de Chiapas, e incluyeron un poema de “Caballos de arena”.

          10 — Participaste con una serie de haikus de la muestra “Satori” en la galería de arte contemporáneo “Masottatorres”. ¿También en otras muestras participaste?

          MN — “Masottatorres” fue un espacio de  arte contemporáneo que replanteó los vínculos entre las obras, los artistas, los aprendizajes y el público. Desde que abrió sus puertas en 2007 fue concebido como una red que tendía vínculos entre diferentes disciplinas artísticas. Allí participé escribiendo haikus para las fotografías de la muestra “Satori”, seleccionando poemas que acompañaron la muestra “Erótica” y también coordinando cursos de poesía y vanguardias junto a Javier Galarza.

          En “Masottatorres” presentamos además “Estuario” en 2008, “El jardín posible”, mi antología de Olga Orozco, y “Yo, Claudia”, la obra periodística de Orozco en la Revista “Claudia”, con una performance que incluía un living de los años setenta y disfraces para fotografiarse con el libro.

          11 — ¿Y “El jardín de las estrelicias”?

          MN — También nació en “Masottatorres”. Fue un intercambio con la genial artista Maggie de Koenisberg. Escribí en base a algunas de sus obras y ella luego pintó a partir de poemas míos. Esos poemas fueron editados por el Gobierno de la Provincia de La Pampa cuando fueron seleccionados en el Certamen Federal de Poesía “Casa-Museo Olga Orozco 2013”.

          12 — Es a la isleña Marisa Negri a quien precisamente le acerco esta “inquietud”: Ricardo Piglia en “El último lector”, a partir de esa tan divulgada pregunta: “¿Qué libro se llevaría usted a una isla desierta”, considera que la misma incluye a otras dos, las cuales, apenas retocadas, te formulo: “¿Qué libro leerías si no pudieras hacer otra cosa?” y “¿Qué libro creés que te sería de ‘utilidad’ personal para sobrevivir en condiciones extremas?”.

          MN — Me angustia esa pregunta. Vivo rodeada de libros, son imprescindibles para mí. Construí una vida en donde el contacto con el libro ha tenido todos los abordajes posibles; como maestra, compartiendo lecturas con mis pibes y enseñando a escribir; como bibliotecaria, desarrollando una colección relevante para el lugar en donde trabajo; como editora, sacando a la luz textos que estaban perdidos u olvidados; como poeta, escribiendo. Todo es leer y escribir. Pero vuelvo a tu pregunta. El libro que me ayuda a sobrevivir en condiciones extremas es “Cartas a un joven poeta” de Rainer María Rilke, y el que leería si no pudiera hacer otra cosa sería la obra completa de alguno de mis poetas amados: Arnaldo Calveyra, Orozco, Francisco Madariaga, Miguel Ángel Bustos, Escudero, Héctor Viel Temperley, Bustriazo…

          13 — Entre “Caballos de arena” y “Hebra”, ¿qué fue cambiando en tu poética?… ¿Tenés, tendrás, aunque no necesariamente para socializar en lo inmediato, un nuevo libro o compilación de la obra de algún autor?

          MN — “Caballos de arena” es un libro que ha quedado muy lejos del resto. Es intimista, catártico, un poco adolescente también. Aun así es un libro querido por lo que representa en mi vida; una joven mujer con hijos pequeños, recién separada, escribiendo desde ese dolor. Más que los poemas en sí, allí cobró valor lo paratextual. Para la presentación del libro en la biblioteca del pueblo montamos una escenografía con cartas de tarot gigantes y caballos de papel; Nadia Sandrone, una talentosa amiga actriz, entraba a escena entre poema y poema jugando con agua, tierra y fuego. También toqué la guitarra y canté junto a dos guitarristas y un percusionista. Lo volvimos a presentar con gran suceso en las ciudades de Ramos Mejía y Capitán Sarmiento. De allí surgió un grupo de amigos que a veces coordinábamos talleres de educación por el arte.

          Luego me mudé, comencé mis estudios de poética con Alberto Muñoz y eso lo cambió todo. “Estuario” fue un largo reencuentro con mi madre a partir de escenas familiares que volví a narrar tomando la idea de John Berger: “El pasado es la única cosa de la que no somos prisioneros. Podemos hacer con el pasado lo que se nos dé la gana”. Entonces, tomando esa licencia reescribí parte de la historia familiar.

          Para “Las sanadoras” me alejé de lo personal; es un libro de mujeres que curan y mujeres que rezan, una exploración de esos saberes ancestrales sobre los yuyos, los huesos, las señales del cielo. Un grupo de mujeres en Balsa Las Perlas, provincia de Río Negro, lo transformó en una obra teatral. Conocí a la poeta neuquina Macky Corbalán [1963-2014] ese día, el del estreno: fue un encuentro breve y luminoso.

          En “Nautilus” el tema es la construcción de la casa, el regreso al río y al padre. Es un libro inconcluso, pero tal vez ese sea su signo; ahora que vivo aquí, y el delta es el universo cotidiano de lanchas, y niños y perros, se desdibuja como objeto poético, forma parte de un misterio mucho mayor aún.

          Con “Hebra” vuelven las mujeres a dominar la escena, esta vez tejedoras de distintos lugares de América, de diferentes épocas. Intenté en él recuperar esas voces, tejer. Hay poemas que funcionan como urdimbre y otros son trama. Dos muertes y dos nacimientos queridos y cercanos sucedieron en torno a esos textos mientras escribía “el origen y el final son una misma cuerda”.

          Lo que viene: una recopilación de “Mitos que viajan por agua” contados e ilustrados por niños y jóvenes de Argentina, Colombia y Chile. Formará parte del recorrido 2018 de la Bibliolancha de la Biblioteca Popular Santa Genoveva, y también del bibliobote de Villa Victoria (Putumayo, Colombia) y la Bibliolancha Felipe Navegante (Quemchi, Chiloé, Chile). También me gustaría editar la segunda parte de “Yo, Claudia”.

          14 — ¿Ana Emilia Lahitte, Juana Bignozzi, Leda Valladares o Elizabeth Azcona Cranwell?…

          MN — Sobre todo Leda. Ella, como Violeta Parra en Chile, inició un camino hacia el origen de la palabra y del canto, nos enseñó a escuchar las voces de cantores que “con su música reajustan el universo”.

          Ella nos dice: “Grito y canto convergen en el indio, en el negro, en el asiático o en el criollo de cualquier continente. Salen juntos, casi trenzados en el rito primero. Allí se pierden las nociones de prudencia sonora y todo está permitido si sirve para expresar, clamar, convocar, suplicar y llegar a oídos supremos. La libertad es la esencia de ese grito y el grito significa sangría, parto, develamiento de fuerzas ocultas (…) Ese canto metafísico del desamparo original, cantado con los huesos y el pellejo, exige un tímpano religioso.”

          Admiro esa determinación de Leda, que dejó su formación jazzística para seguir el canto de la tierra y adentrarnos en sus misterios.

          15 — ¿Cuáles considerás que son las condiciones y atributos más relevantes en un narrador? ¿Quiénes responderían a ese modelo?

          MN — No soy experta en el tema. Cuando comienzo a leer un relato y la escritura es descuidada pierdo el interés; sin embargo, cuando un cuento o novela me apasiona, lo más probable es que relea una y otra vez y en esa lectura se vaya profundizando la mirada.

          Mirada la de John Berger que amo: siempre más allá de la superficie, y el inmenso abanico de otras lecturas que convida a leer. De William Faulkner su maestría para hacernos experimentar las emociones que viven sus personajes, la genial invención de Yoknapatawpha, en donde transcurren la mayoría de sus historias.

          No sé si hay un modelo. Cada autor tiene sus claves y habrá algunas que no alcanzaremos nunca. Me gustan Claire Keegan, Haroldo Conti, Cynthia Ozick, Juan José Saer, Natalia Ginzburg, Carlos Domínguez, Juan José Morosoli, Irene Nemirovsky, Felisberto Hernández, por nombrar algunos: estos que ahora vienen hacia aquí y mañana podrían ser otros.

          16 — ¿Cuál es tu opinión de la poesía argentina de este siglo XXI?

          MN — La poesía goza de buena salud. En Argentina hay un arco poético lo suficientemente amplio como para encontrar la voz que más nos interese. Ha habido un desplazamiento de la poesía hacia otros lenguajes, una fuerte presencia teatral, performática, audiovisual. También como lógica consecuencia de los tiempos que vivimos aparece fuertemente lo social y lo político.

          La oferta editorial tuvo su apogeo en 2015, cuando se creó la Red Federal de Poesía y desde el estado se propiciaron encuentros, lecturas, compras de libros para las escuelas, apoyo a festivales y ferias en todo el país. Hoy, desfinanciados estos programas, la red subsiste de modo autogestivo y solidario.

          17 — ¿Incursionaste —aparte de tus prólogos y artículos— en otras formas de escritura fuera de la poesía?

          MN — Soy estudiante crónica y docente, así que mucho de mi escritura pasa también por el desarrollo de proyectos, planificaciones, breves ensayos o materiales didácticos para mis alumnos.

          Llevo habitualmente diarios de viaje, bitácoras que van quedando por ahí en cuadernos perdidos dentro de mi biblioteca, y alguna vez intenté escribir una novela pero no pasé de las treinta páginas.

          No creo que deba publicarse todo lo que se escribe. Durante cierto tiempo escribía dos o tres hojas diarias como un modo de “limpiar” la cabeza. También escribo muchísimas cartas.

          18 — Certezas: ¿bastantes, sólo algunas o poquísimas?…

          MN — Algunas. Amo lo que hago, tengo vínculos fuertes y profundos con algunas personas, creo en las fuerzas naturales, en el amor, en la amistad. Elegí vivir en esta isla pero podría haber sido también en Granada, Montevideo, Salvador de Bahía o Chiloé. Siempre habrá un deseo nómade en mi vida sedentaria. Siempre viento y raíz serán parte de mi naturaleza.

*

Marisa Negri selecciona poemas de su autoría para acompañar esta entrevista:

fénrir

                                        “uno entre todos un día será

                                        quien en forma de monstruo

                                        a la luna devore”

                                        edda mayor 40-3/4

fénrir

el lobo con la sangre del cielo

o el animal de gubbio

o el ojo amarillo de gmork

tantos lobos

los lobos de adentro

como la propia piedad

la detestable caridad para sí

los argumentos

de nada sirven las palabras

cuando el lobo

se disfraza de cortés

de buena gente

un beso es un colmillo

con su garra de niebla

te arranca el corazón

tarde o temprano el tiempo pasa

toda intemperie

es cicatriz

                                  (“de “Caballos de arena”, 2003)

*

un sendero con flores de romero la lata de leche nido de la que asoma un malvón mi madre protesta los moños desatados el vestido blanco impresentable pero la abuela me dice yuyerita pone sobre mis brazos rodajas de papa para el exceso de sol aloe en los raspones de las rodillas cada brizna tiene su secreto en el jardín los tamarindos entregan sus hojas agridulces para calmar la sed y la ruda a un lado de la casa aleja la mala conversación al mismísimo oscuro si hace falta yuyerita hay que pedirles permiso a las plantas para que entreguen su virtud cortarlas con la mano fuerte en el nombre de san juan esa higuera es tu árbol de nacimiento yuyerita una velita roja y tres deseos cada año a sus pies

                                    (de “Estuario”, 2008)

*

El bicho

El hijo del panadero mira por el rabillo del ojo

le zumba un bicho en la cocina

el Capitán debajo de la mesa

el hueso del puchero entre los dientes

la mosca sobre el hueso

El chico se ladea

una vez

otra vez

Las rodajas de jengibre sobre la tabla

Berta sobre el cuchillo

zumba el bicho

zumba zumba zumba

todos tenemos un bicho dentro de la cabeza

Quiero los duraznos de la frutera

todos

El licor de las hermanas

¿Es la voz de la mosca?

El día que subimos al techo no fui yo

fue el bicho

Los bichos tienen mil ojos

con cerrar la mitad les basta para dormir

Inventos

Ningún bicho puede hacer casa en el cuerpo

Me darán un trompo

si les llevo el bicho envuelto en alcohol.

                                                (de “Las sanadoras”, 2012)

 

*

Iwy Mara ey

partiremos hacia el este

un solo tronco ahuecado será la canoa

pay carabí

danos la blanca carne de los peces

días de agua mansa

semilla y barro a nuestras mujeres

piedra y hueso para las lanzas

pay carabí

que lleguemos salvos

a la Tierra sin Mal

                               (de “Nautilus”, 2012)

 

Libro Negri 5 - Hebra (2016)

 

*

La lana es la vida. Es el arreo con silbido y buen perro hacia la esquila y el hilado torcido para la resistencia. Los más antiguos no están y nadie quedará cuando nos vayamos yendo.

Madrecita tejía ponchos bordados que no alcancé a aprender: roble, canelo, pello pello, tenía 12 años cuando todo empezaba.

Madeja cruda teñida con barba de palo, tiene que hervir para que tome el color. El punto ceñido apacigua el viento, las agujas nunca se dirigen al pecho.

                                             (de “Hebra”, 2016)

*

Infancia

Impulsa su autito de carrera sobre el asiento que con el oleaje recorre el largo de la lancha, rebota y cae sobre las piernas de un hombre adormecido.

El niño recibe un reto suave y la madre musita una disculpa.

Pero el hombre ha sido tocado.

Ve la puerta de alambre, la cocina, el cajón de los cubiertos.

Esquiva los cuchillos y guarda tres cucharitas de metal, sacachispas.

Clava la cuchara en la masilla

clava la masilla en el plástico.

Impulsa su autito de carreras.

El niño que dormía, despierta.

                                        (de “Delta F”, inédito)

*

Entrevista realizada a través de correo electrónico: en el Delta, partido de San Fernando, y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, distantes entre sí unos 40 kilómetros, Marisa Negri y Rolando Revagliatti, abril 2018.

www.revagliatti.com

Crisálida Latente por Anisoara Matasaru

Me ha llegado por fin el primer poemario de  la autora rumana Anisoara Matasaru, con sinopsis del poeta rumano Marius Girnita.  Una autora con un mundo interior inmenso, mucho que dar y ofrecer poéticamente, os dejo el prólogo que amablemente Marius y la propia Anny me pidieron  que trabajara en base a los textos que conforman el libro.

CRISÁLIDA LATENTE

La poesía es un vuelo suave, que comienza serpenteando las nubes de los sentimientos, y de las emociones, alimentando nuestro interior y dotándolo de un significado que lejos de quedarse encerrado en un bote de cristal profundo, pide salir  hacia fuera con una fuerza tan impresionante que es imposible dejarla relegada solo para nuestros ojos, o nuestros labios.

Cuando el verbo se convierte en papel, este ya no nos pertenece, claudica y se convierte en un cofre para los otros, seres habidos y sedientos de emociones que diluyen la efervescencia y se quedan contenidos en una sutil línea en nuestra cabeza.

Así, descubrimos un aire nuevo, un matiz, una alevosía en  la palabra, entregada con mimo y valor.

Este poemario reúne estas cualidades importantes.

Con Crisálida Latente, nos encontramos con la poesía de la autora rumana Anisoara Matasaru,  su primer poemario. Su primera incursión en la publicación  poética.

 

Me duelen las palabras

que golpean con fuerza

las paredes del corazón

 

La palabra duele, vive, ama, se desespera, se ríe del poeta. La palabra ahuyenta, te deja en un continuo oasis de autoflagelación, de una excitación continua y mística: la belleza,  dolor, la desazón, la esperanza o el desamor.

Los versos parecen volar de mano en mano, de boca en boca  hasta posarse en el lector. Es una poesía muy sutil, fácil de desglosar, con una brisa suave en el paladar de quien se atreve a fijar sus sentidos. Así la autora, con este aire  místico y sugestivo nos transporta en una levedad contemplativa al íntimo portal donde el verbo se desnuda y fija las emociones, o la conciencia, más personal y verdadera.

 

La sombra

se rebela

midiendo sus poderes

con impares caricias

buscando la complicidad

sobre el umbral del sacrilegio

donde la lengua

encerró sus vocales

en la mitad mudas.

La poesía  es una necesidad básica, de vaciarse, de contemplar, de unir en ella todo lo que somos, anhelamos e incluso lo que rechazamos.  Contemplar la belleza o la frialdad de la sombra, la luz y la oscuridad.

El poema exige ser una lengua viva. Es imposible que  hagamos estrofas y versos cerrados que no digan nada o que después se diluyan en el pensamiento.

Anisoara  Matasaru,   convierte en imagen  todo lo que expresa. Así queda de manifiesto  su yo poético,  su voz y hasta  su cuerpo, un cuerpo inmaterial hecho  de oraciones, frases y palabras que se entrelazan hasta formar aquello que la autora nos quiere  decir. Con un lenguaje sencillo y ameno, una suavidad que llega a nuestra mente, la luz necesaria para poder contemplar  su pureza en  pequeñas formas  con identidad propia. Luz hacia el ocaso y viceversa, el ocaso convertido en luz a través de su sombra, todo ello con la base de una espiritualidad humana y poética nacida por una profunda identidad  que convive lo profano con la religiosidad, humana, de meditación, vacío, encuentro ,   como un camino  íntimo e introspectivo para vaciarse hacia el mundo que le rodea.

El otoño esperaba

con la frente pegada al sueño,

tocando

las rodillas de los paisajes.

 

Me abro

sobre el estiramiento del mundo

desnuda e inmóvil

con los pies hundidos

en la tinta del amor.

La condición femenina, su condición de mujer, de reivindicación también la encontramos, no podía ser de otro modo. Así se transfigura a lo largo del poemario  recorriendo cada gesto o cada pliego como primera y última consideración básica.

 

La crisálida está preparada para volar alto.   Un vuelo cálido, onírico.

Nosotros estamos dispuestos a recibir su vuelo.

ISABEL REZMO

 

EN AMAZON:

https://www.amazon.es/Crisalida-Latente-Anisoara-Matasaru/dp/1987615816/ref=sr_1_11/257-9708967-0814506?s=books&ie=UTF8&qid=1523730657&sr=1-11&keywords=crisalida

 

 

“HUELLAS DE GORRIÓN” DE JESÚS APARICIO

En este periodo de vacaciones tenía varios libros por leer, varios libros por degustar, por sacar todo el jugo que me permite contemplar el alma del autor, y hacerme una idea más profunda de su voz poética. Hay autores que te acompañan desde muchos años, cuya virtud y conocimiento se van adueñando de tu interior hasta formar una base sólida sobre ellos.

Este es el caso de la poesía de Jesús Aparicio González.  Desde el año 2012  las redes nos unieron. En ese momento yo que quería aprender,  (porque creo que ser poeta es un camino que nunca finaliza y que está expuesto a la voz unánime tanto del lector, como de los compañeros) se empapó de la poesía de Jesús; uno de los primeros autores  que caían a mis manos de la poesía más actual  antes de decidirme a entrar de lleno en el mundo poético.

“Huellas de Gorrión” es el último trabajo de Jesús Aparicio. Condensa una Antología poética de toda su producción literaria hasta la fecha (2002-2017).

El prólogo de José Manuel Suárez  me indica  elementos de la poesía de Jesús que he ido descubriendo y apreciando en sus poemas.

SUAVIDAD

Partimos de una poesía muy suave. Es lo que más me llama la atención.  Una suavidad  a la hora de expresar y evocar imágenes. Es un poeta que vive para la poesía, para la producción y expresión. Le veo observador del mundo , la realidad que nos rodea,  dando pinceladas de todo lo que existe, nos afecta, nos duele o nos condensa.

Estamos acostumbrados a creer que solo podemos reflejar y comunicar sentimientos. Esa visión del papel poético no es real y confunde a muchos que se dedican a esto.

PREDISPOSICIÓN

La poesía exige mucho más, nuestro papel de recoger detalles, sentimientos, emociones ha quedado en desuso porque la poesía actual exige un mayor sacrificio y predisposición.   

Creo que esa es la palabra exacta, cuando abrimos y leemos Huellas de Gorrión. Cuando leemos a Jesús en toda su producción literaria.

“El poeta solo tiende al silencio, no pretende focos, no ambiciona el aplauso. Es constante en su papel y en su  obra”. (pág 9, Prólogo). Estoy totalmente de acuerdo,  vivir por y para la poesía, aunque algunos crean que significa tener ingresos o tener estatus, lo de tener ingresos me hace gracia puesto que no es nueva la pregunta aquella insistente del por qué nos dedicamos a esto dado el escaso valor económico que tiene la poesía, pero eso es la  respuesta materialista de la propia sociedad actual, todo es permisible, se compra. Todo tiene precio, o una razón. El poeta vive por una sola razón: la necesidad de expresar, la necesidad de ser en si mismo en el poema, importa ya poco si luego queremos o no que nos lean; publicamos con la sola idea de mostrar al mundo qué somos y qué expresamos. A partir de ese momento cuando el lector se hace cargo de nuestros versos, morimos en un libro para comenzar de nuevo a renacer en otro.

Por eso apuntaba antes la predisposición de Jesús a  dar prioridad a la palabra,   el poeta  se pone al servicio de la poesía como una entrega total y mística  a sus pautas, un amante fiel que es capaz de anteponer sus deseos.   El poeta se deja seducir por la palabra, la estructura de sus libros; no obedece a una linea concreta, final, preparada de ante mano. Me imagino que escribe  como si estuviera frente a un campo, a una avenida, a un monte, frente así mismo, y esa proyección como un viaje astral le va abriendo las puertas en su mente a la expresión.  Y así lo apunta  de nuevo José Suarez en el prólogo.

“Parte de una intuición….que se irá volviendo sobre la idea inicial, afinando  la sensibilidad  a cada paso, mirando todo desde allí…”

Nosotros le acompañamos, le damos la mano, queremos ir hacia las entrañas de su verbo y de su palabra.  Lector y autor se vuelven a unir en un todo único y compacto, Esa es otra de las idea que comparto para hacer poesía. En muchos textos veo la lejanía que hay entre el lector y el autor. Una frialdad extrema que no me dice nada. Sin embargo, leo a Jesús y cada vez quiero saber más. leer más y sentir más. Su mundo no  es un  mundo caótoico, es un velo, una hoja de otoño cayendo a las manos, una brisa perfumada de primavera…

MÍSTICA

Y aparece  otro elemento que me encanta en la poesía de Jesús.  La mística.

La gente se sorprenden mucho cuando hablo de este aspecto quizás porque le ven el lado religioso a la palabra  y  no es así. Observo su  similitud con la poesía mística y la poesía de Jesús:

Elementos referentes a la naturaleza

Mariposa,  viento, agua, flor, ciprés, olas, jardín, mar, águila,

bosque, piedra, hierba, pétalo, playa, sol, estrellas,….

Jesús utiliza estos elementos  para unir al ser humano con la naturaleza. El sentido místico no es solo buscar  Dios en cada lugar.  Es buscarnos y hacernos semejantes en ella. Vivimos a veces ignorando las leyes naturales; padecen y sienten en nosotros y nosotros en ellos.

“Para llenar mi tiempo, 

han buscado mis ojos el sueño de una playa.

he gozado del agua sobre mi piel desnuda y lamido al sal

sobre la piel amiga. Levantado castillos.

Luchado con las olas. He dormido solo

al ocultarse el sol, bajo las estrellas sin nombre.

La vida es breve. Un instante de arena.

Un instante de mar”.

 

“COMO QUIEN CORTA UN HILO DE SEDA

como el pétalo

que una suave brisa

hace caer,

como el cristal del agua que la piedra viola,

como el humo de vela recién apagada,

como el rayo que no se entera del trueno,

como el que empieza un sueño y no despierta

así se fueron sus vidas”

Elementos religiosos:

Vela, ceniza, sepulcro, paloma, cáliz, vasija, zarza,  iglesia, manto, virgen,

Dios, etc.

Elementos del cuerpo humano o referidos al cuerpo,:

dedos, abrazo, desnudo, piel, labios, ojos, rodillas,  latido,  abrazo,mano, etc.

 

“Abrazamos nuestra mejor edad”…

“No estaba Dios,

lo supe al advertir que mis muertos, huidos, ya no me contestaban…”

….”somos arena triste…”

…”El primer sol te sienta en sus rodillas…”

Elementos machadianos en su poesía:

“…Con un papel voy a mis soledades

y de mis soledades  vengo con un papel…”

Podríamos seguir analizando y desgranando su poesía, pero me gustaría mucho que pudierais descubrir la fina marea que envuelve el verso de éste autor, una lectura fácil, suave, clara y concisa.

La poesía no necesita remilgos, ni florituras, la poesía necesita claridad, necesita pureza.

Tenéis Huellas de Gorrión para empezar a apreciarla.

Gracias Jesús por aprender más de ti.

ENLACE DE LA WEB:

Colección1 | BEATUS ILLE

  • Castellano

EAN9788494733055

ISBN978-84-947330-5-5

Depósito legal

AS 01252-2017

Páginas144

Ancho14 cm

Alto21 cm

Edición1

Fecha publicación26-07-2017

 

 

http://www.arspoetica.es/libro/huellas-de-gorrion_52323/

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Nuevo Número de PROVERSO

Desde el 16 de Marzo está disponible el nuevo número mensual de la revista cultural PROVERSO, correspondiente al mes de marzo. Nuevas secciones, nuevas caras definen este número que intenta dar una visión actual y fresca de la cultura. Os dejamos el equipo completo de esta revista, pinchando en el enlace:

http://www.latintadelpoema.com/proverso/quienes-somos/

Este mes como secciones nuevas : Sección de libros recomendados y sección de música y cds. Si alguien  está interesado en promocionar o en incluir su obra contactar con:

revistaproverso@gmail.com

Se avisa que se hará por rigurosa selección atendiendo a los criterios generales de la dirección.

 

Últimas publicaciones de mis versos en Venezuela,Chile, Rumanía y Moscú

Ha comenzado el año 2018 con grandes sorpresas para mi, la publicación en varios soportes digitales y en papel de mis versos. La verdad que todo aquello que viene traducido viene de forma desinteresada, amigos, que creen que mi trabajo merece estar publicado o bien traducido . La mayoría de las veces son poemas sueltos, pero para mi es un honor.

Tambien dejo imágenes de publicaciones en revista digitales en Venezuela a través de Letralia, Tierra de Letras, Aquarellen Literaria en Chile y en Rumania: Vatra Veche  y Actualitatea Literara  y El más reciente en Moscú.

Gracias por hacerme el honor de llevar lejos mi poesía.

 

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Festival Grito de Mujer, Córdoba

El pasado diez de marzo participamos grandes poetas en el Festival Grito de Mujer en Córdoba. Esta edición con el.lema Faros de Esperanza se dedicó especialmente a la figura de todas las mujeres que son madres, que son portadoras de la vida y la esperanza. Coordinado por María Pizarro os dejo imágenes.

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